El poder, es amor



Hace un tiempo atrás cuando leí Hechos 1:8”: pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” Subestimé y mal interpreté dicho poder. Solo pensaba que era ese poder de hacer milagros, de hablar nuevas lenguas, de ver gente liberarse de ataduras, y aunque no podemos negar la existencia de lo antes mencionado, no fue hasta diez años más tarde que comprendí el poder primordial que da el Espíritu Santo de Dios. Si hermano y amigo es el poder y la capacidad de amar, fuera de Cristo solo sentía odio, amarguras, rencores, iras y heridas muy profundas que solo hacían de mí una marioneta de mis emociones y sentimientos. Al comprender el mayor sacrificio de amor por mí en el Gólgota fue cuando pude entender el poder que Jesús quería que la iglesia tuviese, el poder que cambia corazones, que abraza al despreciado que hace que rescatemos al perdido, sí, es el amor. Cristo desea una iglesia amorosa, con un mensaje que confronte al ser humano en su condición para rescatarlo, que mejor que siendo sus testigos, testigos de su amor y su misericordia en nuestras vidas y que llevemos ese poder que cambiará a tu prójimo en un mundo donde el amor carece.


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