La tierra en que sembraron mi semilla


Todo ser humano en manos de Dios llega a ser tierra fértil. Pero llegan momentos que nuestra tierra se convierte en aquella en que Jesús mostrada con la parábola del sembrador. Muchas veces somos de las del terreno del camino, la cual cuando cae la semilla el enemigo nos quita lo que Dios nos dio. En momentos somos el terreno pedregoso el cual Dios coloca algo hermoso en nosotros pero no le damos tiempo a echar raíces y cualquier situación nos hace olvidar el tesoro que Dios nos había entregado. Otras veces somos el terreno donde la semilla cayó en espinos, la cual el afán de la vida se torna más importante y terminamos no dando fruto. Nuestras almas pasan por estos procesos muchas veces sin darnos cuenta. Pero he aquí el sembrador conoce si el terreno no es el mejor, y se dispondrá a prepararlo. Tal vez en algún momento fuimos un terreno fértil el cual vimos crecer las más hermosas “plantas” (bendiciones) pero hoy no nos dimos cuenta que nuestro terreno fue a ser terreno infertil. A veces se nos olvida que toda planta pasa por el ciclo de vida, y al final muere. Nuestro terreno se puede hacer árido y seco y no servir para más, a menos que le permitamos a Dios regar nuestra tierra y llenarla de las vitaminas espirituales. Las cuales harán que nuestro terreno sea fértil y apto para la siembra de las bendiciones hermosas que Dios tiene para cada uno de nosotros. Para que Dios derrame sobre ti bendición, tienes que preparar el terreno, porque una semilla no crece donde la tierra es infértil. Cada día tenemos que observar el terreno de nuestras almas, y ser precavidos, y observar si está apto para que en el momento que Dios quiera entregarte lo más hermoso que tenga para ti, tu estés preparado para recibirlo. Dios no puede entregarte algo cuando tú no sabrás que hacer con ello. Dios quiere que seas el mejor agricultor de lo que te da cada día. Para eso tenemos que permitirle trabajar en nosotros. No importa cuán áspero se encuentre tu terreno, Dios es el agricultor por excelencia. Dios quiere entregarte lo más preciado y hermoso, pero quiere que seas responsable con el terreno que puso tu vida. A veces nuestro terreno está lleno de hierbas, cosas que van a impedir un crecimiento saludable, si es que ocurre alguno. Esas hierbas pueden ser rencores, contiendas, heridas y todo aquello que impida un bueno terreno. Dios quiere desyerbar y quitarlo para que hoy crezcas. Dios preparará tu terreno y derramará algo grande para ti.


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